domingo, 12 de octubre de 2008

Llueve. Estoy sola. Nadie me ve. Huele a soledad. Silencio. La habitación se hace grande. Siento lluvia en los cristales. Me pongo a pensar. Lo extraño. Lo extraño demasiado. No sé por qué. Sin ni siquiera poder evitarlo una lágrima cae de mis ojos, recorre mis mejillas, y sigue su camino hasta el suelo. Pero no. Soy fuerte y dejo de llorar. Aún así, le sigo echando de menos. ¿Dónde estará?. ¿Qué hará?. ¿Con quién estará?. Me tiro en la cama. Me abrazo a la almohada. Ella me comprende. Ella también lo extraña. Recuerda su olor. Su calor. Aún lo recuerda. Y yo también. Me levanto. Me asomo a la ventana. Lluvia. Un hombre de negocios corre con el maletín en la cabeza. Una madre aparca su coche con tres niños. Lloran. Un grupo de amigos ríe. En la parada del bus hay un chico escuchando música. Una chica fuma. Una pareja se abraza. Aún así, nadie me ve. Vuelvo a mi soledad. La que nadie entiende, ni siquiera yo. Dejo volar mi imaginación. Estoy en un mundo de colores. Hay una sonrisa en mi cara. Él está conmigo. No hay nadie más. No necesitamos nada más. Sueño que me habla. No puedo oírlo. El cielo azul se vuelve negro lentamente. Soñar me hace daño. No quiero hacerme daño. Intento olvidarlo. No puedo. Vuelvo a llorar. De tanto llorar, río. No entiendo nada de lo que pasa. Estoy confusa. Quiero pero no quiero. Llueve. Estoy sola. Lo recuerdo. Lo extraño. Le quiero. Y vuelvo a llorar…

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